Observa
cuidadosamente los movimientos de tu oponente. ¿Cuáles piezas desarrolla y cuáles lados del
tablero prefiere? Si fueras él, ¿qué clase de estrategia de largo plazo
planificarías? Una vez que hayas dominado los conceptos básicos de tu propia
jugada, tienes que adaptarte constantemente a tu oponente. Si se está
conteniendo, organizando sus piezas cerca de su lado para un ataque, pregúntate
cuál es su objetivo final. ¿Hay formas en las que puedas interrumpir o suspender
su plan? ¿Tiene la ventaja y debes ceder terreno y defender algunas unidades
para evitar una pérdida grave de material o puedes poner un poco de presión
sobre él?
Conoce cuándo cambiar piezas. Cambiar piezas
es obvio cuando terminarás con la ventaja material, como ceder a un caballo
para obtener a la reina de tu oponente, pero es mucho más complicado cuando
cambias piezas similares. En general, no debes cambiar piezas en las siguientes
circunstancias:
Cuando
tengas la ventaja en posición, control del centro y desarrollo. Mientras
menos piezas haya en el tablero en total, tendrás una menor ventaja y será más
fácil que tu oponente se defienda contra ti.
Cuando tu
oponente esté apretado o atascado en una esquina. Cuando
lo tienes encerrado, es más difícil para él moverse o maniobrar muchas piezas,
pero una menor cantidad de piezas puede sacarlo del atasco y liberarlo otra
vez.
Cuando
tengas menos piezas que tu oponente. Si tienes más piezas y las ventajas son por
lo demás similares, empieza a capturar piezas. Así abrirás más caminos de
ataque.
Cuando
duplicarías tus peones. Un peón duplicado es cuando tienes un peón en
frente de otro. Esto hace que ambos sean mucho menos útiles y obstruye tu lado
del tablero. Sin embargo, si puedes hacer que tu oponente duplique peones como
un efecto secundario de un trueque parejo, este podría ser un movimiento útil.
Desarrolla
de
Desarrolla
múltiples piezas (torres, caballos, alfiles, la reina) a una etapa temprana y a
menudo. Sácalas de sus espacios iniciales para abrir tus
opciones.
Controla
el centro. El centro del tablero es donde se lleva a cabo la
acción.
Protege
al rey. Puedes tener la mejor ofensiva del mundo, pero dejar a
tu rey desprotegido es una forma infalible de perder al último minuto.
Retén tu ventaja hasta que puedas sacarle el mayor
provecho en lugar de apresurarte. El ajedrez tiene relación con el impulso y,
si lo tienes, tienes que conservarlo. Si tu oponente está simplemente
reaccionando a ti, moviendo piezas fuera del camino con frecuencia y sin poder
montar ningún ataque, tómate tu tiempo y ve eliminándolo. Recuerda: puedes
ganar un combate y de todas formas perder el juego. No avances si vas a dejarte
vulnerable a un contraataque. En cambio, acaba con sus piezas defensoras una a
una, toma el control completo del centro del tablero y espera a golpear a tu
oponente hasta que realmente le duela.
Aprende a clavar piezas. Clavar es cuando atrapas a una pieza o la
tomas de rehén, evitando que tu oponente la use sin que pierda la pieza. Esta
clase pasiva de guerra es una gran forma de controlar el juego y te ayudará a
dominar a tus oponentes. Para hacerlo, observa a dónde puede moverse una pieza.
Generalmente, las piezas con opciones limitadas son tu mejor opción. Luego, en
lugar de atacar, posiciona tu pieza de forma que podría capturar a la otra
pieza independientemente de a dónde se mueva, haciendo que la pieza se vuelva
inútil durante un periodo de tiempo.
Tomar
rehenes es cuando le das a tu oponente la oportunidad de capturar tu pieza. El
único truco es saber que puedes capturar a su pieza enseguida. Tu oponente
puede capturar tu pieza o no; lo importante es que estás en control.
Evalúa cada movimiento objetivamente. Tienes que observar
todo el tablero, evaluando cada movimiento posible que tengas. No hagas
un movimiento solo porque tengas que hacerlo. En cambio, tómate el tiempo de
buscar el mejor movimiento posible en cada turno. Lo que hace que un movimiento
sea bueno depende estrictamente del contexto, pero hay algunas preguntas que
puedes hacerte antes de cada movimiento para ver si es el adecuado:
¿Estoy
más seguro de lo que estaba antes?
¿Voy a
exponer esta pieza, el rey u otra pieza importante?
¿El
enemigo puede poner mi pieza en peligro rápidamente, haciéndome retroceder y
"perder" un turno?
¿Este
movimiento pone al enemigo bajo presión para reaccionar a mí?
Captura las piezas de tu oponente como una unidad. Debes
mantener el control del centro pero también debes atacar como una unidad. Tus piezas
son como las partes de una orquesta: cada una sirve un único propósito pero
funcionan mejor juntas. Al eliminar las piezas de tu oponente, tienes una mayor
oportunidad de poner a su rey en jaque sin una pieza tras la cual esconderse y,
al hacerlo con
Protege a tu reina en todo momento con un alfil o una
torre. La reina es la pieza más poderosa en el tablero por algo
y rara vez hay momentos adecuados para cambiarla por la pieza de un oponente,
incluso por su reina. La reina es tu atacante más versátil y tiene que usarse
como tal.
Siempre
protege y respalda a la reina, ya que la mayoría de los jugadores sacrificará
prácticamente cualquier pieza (aparte de su propia reina) para capturarla.
Las
reinas solo alcanzan su potencial completo con respaldo. La mayoría de los
jugadores observan instintivamente a las reinas de sus oponentes, así que usa
la tuya para forzar a las piezas hacia la línea de tus torres, alfiles y
caballos.
No
cerques a tus alfiles con tus peones. Los alfiles atacan desde un largo alcance
y es fundamental usar los dos para controlar el tablero, sobre
todo en etapas tempranas del juego. Hay muchas estrategias de apertura que
puedes aprender, pero el objetivo general es abrir rápidamente un espacio para
que tus piezas de mayor valor se muevan con libertad.
Mover tus
peones ya sea a D4 o D5 o a E4 o E5 abre un espacio para que tus alfiles se
muevan y te ayuda a apoderarte de los recuadros centrales. Saca a
los alfiles pronto y usa su largo alcance a tu favor mientras desarrollas a la
torre y a la reina.